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La historia del Zafiro

La historia del Zafiro

Zafiro era un burrito de color gris, que desde pequeño anhelaba participar en las carreras de caballos. Por supuesto, sus amigos y familiares ya le habían mencionado en más de una ocasión que ese sueño era imposible, pues en esas competencias no se aceptaban asnos.

– Soy muy rápido papá. Le puedo ganar a cualquier pura sangre. Decía.

– Quizás hijo, pero ya no pienses en eso. Nosotros fuimos criados para cargar alimentos y transportar personas. ¡Guarda silencio que ahí viene el amo Iñigo! Replicó Diamante.

– ¡Buenos días Diamante y Zafiro! Acabo de leer en el periódico que en un mes se celebrará el Gran Premio en el hipódromo de la ciudad. Veré cuáles son los requisitos para inscribirnos. Dijo Iñigo.

– Buenos días amo, le agradezco su preocupación pero mi papá ya me dijo que en esas competencias no hay lugar para jumentos. Mencionó Zafiro

– ¿Jumento? En este establo no hay ningún animal que corresponda a esa definición. Únicamente veo a un brioso corcel acompañado de su padre. Tú déjamelo a mí, te aseguro que después de tu cambio de imagen, ni tu madre te reconocerá.

Iñigo tomó un balde con pintura y comenzó a colorear con sumo cuidado el pelaje de su cuadrúpedo amigo. Eligió un color blanco aperlado, ya que deseaba que destacara entre los demás. Asimismo, le colocó en la zona del cuello una gran cantidad de algodón, acomodado de tal forma que parecía una crin perfecta.

– Ahora vete al espejo Zafiro y dime que no eres un caballo.

Por respuesta, el animal solamente se limitó a relinchar.

Iñigo no tuvo ningún problema en registrar a su “potro” (que más bien parecía poni) y el día de la competencia fueron los primeros en llegar. En el instante en el que Zafiro se colocó en la zona de salida, las carcajadas y burlas hechas por sus contrincantes no se hicieron esperar.

– ¡Jajaja ya viste a ese enano! Cree que nos puede venir a ganar.

Sin embargo, el burrito hizo oídos sordos y se concentró en el disparo de salida. Cuando éste sonó, él fue el único que lo escuchó ya que los caballos continuaban burlándose. Corrió con fuerza hasta sacar un buen trecho de ventaja. Los demás reaccionaron muy tarde.

Trataron de alcanzarlo, pero fue imposible. El burrito había llegado a la meta, dejando el honor de los asnos en lo más alto.

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