Archivo de la categoría: Cuentos de terror

Las antorchas en el prado

Las antorchas en el prado

Había planeado esa salida romántica durante meses, todo era perfecto. El cielo estaba despejado y la luna iluminaba por completo cada resquicio de aquel paraje. Llamé a Ingrid, mi novia, y le dije.

– Paso por ti dentro de media hora. ¿Está bien?

– ¡Claro cariño! Te estaré esperando.

Ella jamás iba a sospechar que esa noche, le propondría matrimonio. Llegué puntual y nos fuimos a caminar hacia la orilla del lago. Ingrid traía un vestido de color verde botella que hacía juego con sus bellísimos ojos.

Yo caminaba sin mediar palabra, pues si hablaba seguramente los nervios me traicionarían y ella se daría cuenta de lo que yo estaba tramando. Aun así, se me acercó al oído y me susurró:

– Estás muy callado. ¿En qué piensas?

– En nada en especial, he tenido una semana muy difícil y creo que las cosas del trabajo no se apartan de mi mente.

Llegamos al lago y la postal que ambos teníamos frente a nosotros era inmejorable. El agua cristalina, el viento fresco soplando por entre las hojas de los árboles etcétera.

Me le acerqué y le pedí que cerrara sus ojos. Ingrid lo hizo y entonces me arrodille frente a ella y de mi bolsillo izquierdo saqué la caja que contenía el anillo de compromiso.

Antes de que pudiera pronunciar una palabra, ella alzó la vista y gritó:

– Memo ¿qué son esas luces que vienen hacia acá?

– No alcanzo a verlas con claridad. Pero parecen antorchas.

Aquel paisaje silente se comenzó a llenar de murmullos y gritos.

– ¡Es un perro! Ésa gente lo quiere matar. Dijo ella.

-¡Espera no vayas hacia allá! Ese no es un perro, es un hombre lobo. Vámonos de aquí.

Apenas nos dio tiempo de correr y resguardarnos tras una cerca de una propiedad abandonada. No obstante, pudimos ver como la multitud se enfrentaba ante esa feroz bestia.

El engendro murió debido a las quemaduras que le propinó la gente. Ingrid quedó tan aterrorizada de aquel suceso que jamás quiso volver a salir a la calle. Hoy en día (20 años después) sigue recluida en su casa al cuidado de su hermana.

La Santa Compañía

La Santa Compañía

Un tal Doctor Pereira se encontraba de urgencia en la casa de un vecino algo distante atendiendo a una mujer que estaba dando a luz a las tres de la mañana, y habían acudido a él debido a que era uno de los únicos doctores que residían en ese pueblo tan apartado en una zona rural de Galicia, España.

Al volver a su casa pasó por un camino en el que nunca transitaba, y se dio con una procesión en plena noche, la cual era encabezada por un monje que llevaba una enorme cruz de madera, y los seguían otros monjes, todos vestidos de blanco. Al ser un pueblo muy religioso, el cual se fanatizaba por una gran cantidad de diversidades dentro de la religión católica, el doctor no le dio mucha importancia y siguió su camino para llegar a casa, ya que debía descansar antes de que sea hora de tener que trabajar por la mañana.

Al llegar a su casa no pudo conciliar el sueño, debido a que se había quedado pensando en esa procesión, en la cual todos los monjes ocultaban sus rostros por sus capas blancas, y no pudo ver a nadie conocido del pueblo, algo que le llamó poderosamente la atención. Cuando se levantó para tomar agua vio unas luces afuera de su casa, y cuando llegó a ver por una de sus ventanas observó que la procesión se había detenido en la casa de un vecino que era herrero, y estuvo allí durante un tiempo hasta que finalmente volvieron por el mismo camino en que habían venido.

A la semana de haber ocurrido ese acontecimiento tan extraño para el Doctor Pereira que vivía hace tiempo en ese pueblo en donde nunca pasaba nada extraño, recibió una alerta de una vecina que le dijo que el herrero había tenido un ataque al corazón. Al asistir a su vecino, el doctor tuvo que darle las tristes noticias a la familia del herrero, ya que éste había muerto.

Luego el doctor se enteró de todas las historias acerca de la Santa Compañía, que era una procesión que venía a predecir una muerte, y se aficionó tanto de los cuentos de terror que habitualmente cuenta su historia a los más chicos para atemorizarlos.

El viejo columpio

El viejo columpioNo sé si a ustedes les ha pasado, pero hacer un viaje largo por carretera acompañado de un niño de seis años, puede llegar a ser una experiencia alucinante. No solamente porque ellos te cuestionarán mil cosas y cuando tú les des la respuesta te dirán ¿Y por qué?

Lo que trato de decir es que esas charlas son un círculo vicioso que vuelve empezar una y otra vez, si no pones el remedio adecuado.

El caso es que mi mamá me había mandado a recoger a mi primo Paco de su clase de natación.

– ¿Cómo te fue Paquito, te enseñaron a flotar?

– Ya se flotar primo. Mi maestro me está enseñando a nadar sin agarrarme de la orilla.

– ¡Vaya! Eso es muy interesante.

Prendí de radio con la esperanza de que la música lo distrajera, pues no soy un buen conversador. Desafortunadamente, oprimir el botón de búsqueda automática y ningún tipo de música pareció gustarle.

– Primo, mejor apágalo y platícame por favor uno de los cuentos de terror inventados que te sabes. Me dijo.

– No son cuentos, son anécdotas, pero si me detengo a explicarle la diferencia entre las dos cosas, se va a hacer de noche y lo peor es que no me voy a explicar correctamente. Pensé.

Me acabo de acordar de una historia que escuché cuando tenía tu edad. Érase una vez un árbol que se encontraba en el patio trasero de una casa pequeña. Las personas que vivían ahí eran humildes, por lo que no podían comprarles juguetes a sus niños. No obstante, el padre de familia tomó un par de cadenas, un pedazo de tabla y construyó un columpio.

Allí sus niños, en especial su pequeña hija, pasaron horas y horas de diversión. Sin embargo, a los pocos años el papá se fue al cielo.

– ¿Quieres decir que se murió?

– Bueno sí, no me interrumpas por favor, porque se me va el hilo.

– ¡Qué mal! Ese cuento tiene un final triste.

Por el contrario, lo que no te he dicho es que los niños se siguieron subiendo al columpio y este se movía automáticamente, pues el espíritu del padre se había quedado a vivir dentro del árbol.

Cuento de terror del caldero

Cuento de terror del caldero

Revisando la guía turística de mi ciudad, me percaté que a últimas fechas ha aumentado el número de museos que abordan temáticas esotéricas. Ya sabes, aquellos temas que recurrentemente hacen su aparición en los cuentos de terror.

El folleto decía claramente que en “El museo de los Brujos”, por primera vez se exhibiría el caldero del hechicero Kubú, curandero de una legendaria tribu africana. También se ponía especial énfasis en el hecho de que esa herramienta de metal, no solamente sirvió para llevar a cabo sacrificios humanos, sino que funcionaba perfectamente para hacer pócimas como el elixir de la juventud eterna.

Apunté en mi agenda el día en que se inauguraría dicha exposición y fui de los primeros en llegar. A la entrada no había nadie que cobrara, así que me acerqué a la taquilla y le pregunté a una persona que estaba allí cuál era el monto de la entrada.

– Si usted es estudiante, la entrada es completamente gratuita, siempre y cuando demuestre una credencial vigente. De lo contrario el pase a la exposición tiene un costo de $20. Mencionó el taquillero.

– Hace algunos años que salí del colegio, conjuntamente creo que el costo está bastante bien. Le respondí.

Saqué un par de monedas de mi bolsillo y aquel hombre me dio mi entrada.

Escogí un asiento que estuviera ubicado al frente, con el fin de no perderme el menor detalle. Ahí estuve esperando unos 15 minutos, hasta que un señor con aspecto intelectual tomó el micrófono y comenzó a hablar del caldero de Kubú.

– Esto que ven aquí, es algo único. De acuerdo a varios pergaminos africanos, se les advierte a las personas que no toquen el borde del caldero, sin usar guantes, pues eso puede traer resultados catastróficos.

– ¿Como cuáles? Pregunté.

– Si te lo explico, nos tardaríamos mucho tiempo y seguramente otros tienen preguntas más interesantes. Replicó el exponente.

Para demostrarnos que “la maldición” era mentira, agarró el borde del caldero por ambos lados y a primera instancia no sucedió nada raro. No obstante, luego de unos momentos un fuerte olor a carne quemada llenó la sala.

– ¡Auxilio, auxilio me estoy quemando! ¡Socorro, ayúdenme!

Su cuerpo quedó convertido en cenizas en un santiamén. Sin embargo, su ropa quedó intacta. Lógicamente luego del deceso, las autoridades clausuraron el museo de los Brujos.

Adaptaciones de novelas de terror

Adaptaciones de novelas de terror

Son bastantes las novelas de terror que han dado el salto del papel al celuloide. Desde luego, esto ha permitido que dichas historias sean conocidas y compartidas por un público mucho mayor que el que comprende solamente a los lectores.

Recuerdo con especial simpatía la cinta de Psicópata Americano cuyo papel principal es interpretado por el actor de origen británico Christian Bale. La historia que se nos platica a lo largo del metraje está basada en la novela de Bret Easton Ellis, quien utiliza a Patrick Beteman para denunciar la decadencia de la sociedad norteamericana particularmente en los años 80.

Las altas esferas están repletas de yuppies que tienen una doble moral. Por una parte, son personas aparentemente productivas y exitosas. Mientras que por la otra, sus mentes están llenas de delirios.

El final de la película es sumamente ambiguo, por lo que te recomiendo que si no la has visto aún, prestes atención en cada detalle, ya que esta es la única forma de comprender claramente los simbolismos que se nos muestran.

Pasemos ahora a revisar otra de mis novelas predilectas. Me refiero al Extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde una narración que al mismo tiempo nos asusta y nos sorprende. La premisa que plantea Robert Louis Stevenson es conocida a nivel mundial. En cada capítulo, la personalidad moral del protagonista se va desentrañando poco a poco hasta entregarnos una figura totalmente dual.

Dicho de otro modo, es una reflexión clara acerca del comportamiento que muchas veces tenemos. Es decir, la forma en que nos comportamos con las personas que nos rodean y la manera en que lo hacemos cuando estamos solos.

Para concluir, dedicaré este pequeño párrafo a mi película de terror favorita, El Resplandor. El texto original es responsabilidad de Stephen King y la adaptación al séptimo arte correo de la mano de Stanley Kubrick. La interpretación de Jack Nicholson es memorable y disfrutable a todos los niveles. Su frase “Here’s Johnny”! rompe con lo esperado, sobre todo si notamos que ese momento ocurre en uno de los puntos trascendentales de la trama.