Archivo de la categoría: Leyendas de terror

Una campana de nombre Susana

Una campana de nombre Susana

Esta historia ocurrió en Cataluña, en el municipio bautizado con el nombre de Girona. Luego de férreas batallas entre los pobladores de aquella ciudad y las tropas francesas, el ejército invasor se hizo con el control de esa comunidad a principios del siglo XIX.

No obstante, la gente hacía todo lo posible por mostrar su repudio a los franceses. Como era de esperarse, esta situación desesperó a los galos, a tal punto que varios de ellos se les ocurrió un plan para someter de una vez por todas a los lugareños.

– No hay mejor forma de infundir el terror que atacar a los civiles por sorpresa. Mañana por la noche saldremos sigilosamente del cuartel e iremos a la mayor cantidad de casas posibles, a fin de asesinar al mayor número de personas posibles. Dijeron varios de ellos.

Ni bien se había ocultado el sol, los soldados montaron sus corceles y se dispusieron a llevar a cabo su misión. El pueblo entero permaneciera en toque de queda. Ni uno solo farol iluminaba aquellos desolados parajes.

En este punto es donde se gestó, una de las leyendas cortas españolas más vibrantes de toda Cataluña. Cuando se aproximaron al primer vecindario, un fuerte sonido se escuchó por todo el poblado.

De pronto, las luces de la mayoría de las habitaciones se encendieron y los habitantes se asomaron para observar qué era lo que estaba ocurriendo.

– ¡Es Susana que está tañendo sin cesar! Nos quiere advertir del peligro. Eran los alaridos que se escuchaban.

Susana se hallaba en lo más alto de la parroquia. Su sonido era tan profundo, fuerte repetitivo que el clérigo subió a ver quién era el que estaba tocando la campana. Más se quedó de una sola pieza, al notar que Susana se movía por voluntad propia.

Este relato fue conservado primeramente de boca a boca, gracias a que uno de los soldados enemigos confesó ser partícipe de los hechos sobrenaturales que ocurrieron durante aquella madrugada.

Tras los pasos del “Aparecido”

Tras los pasos del “Aparecido”Una de las leyendas cortas de terror, que son comunes de oír entre la serranía y costa de Perú es la del diabólico “aparecido”, un ser de aspecto cabrío que suele espantar a los viajeros o comerciantes que afirman que a la lado del camino que conduce a Ascope un pueblo en San Benito, cerca de la ciudad de Trujillo.

El temor de los viajeros a este lugar se inicia con un gran risco de geometría amorfa que tiene en el borde barrancos y otros cerros que le circundan. A medida que uno se va adentrando al lugar, cuando las sombras se apoderan de la naturaleza y en la oscuridad solo queda la luz de las estrellas se puede ver la figura de un macho cabrío con rasgos humanoides y su temible forma produce un gran espanto entre quienes logran verlo.

Se asegura que estas apariciones solo se producen en noches bien oscuras, y cuando te vas alejando la forma desaparece entre las sombras, como si el viento a su paso se lo llevara consigo.

La época donde constantemente surgía esta aparición ya ha pasado, aunque entre los lugareños siempre se comenta esta leyenda y al mismo tiempo se ha convertido en una atracción más entre los turistas o quienes están de paso.

Los que han crecido cerca del lugar aseguran que se han intentado todas las maneras para eliminar con esta serie de apariciones y han recurrido a realizar cultos y rituales a Dios, todos ellos con el fin que termine con la siniestra figura.

Estamos advertidos y si en algún momento pensamos con visitar una zona cercana del pueblo de San Benito a estar atentos de la hora y el lugar por el que vamos a pasar o de lo contrario nos encontraremos con el macabro y singular aparecido.

Los esqueletos danzantes

Los esqueletos danzantes

El hecho que estoy a punto de referir, ocurre solamente en algunos panteones del país y aunque ha sido presenciado por algunas personas, la mayoría de ellas prefieren guardar silencio o sencillamente permanecer en el anonimato.

En ocasiones las leyendas mexicanas de terror cortas guardan algunos aspectos religiosos, y esta no es la excepción.

Cuentan que cuando el reloj marca las 12 de la madrugada el día 22 de noviembre, ciertas tumbas de unos cuantos mausoleos se estremecen hasta que dejan salir a sus ocupantes.

No importa si la tumba tiene concreto, mármol o está simplemente cubierta por tierra, el resultado es el mismo, las ánimas salen a “divertirse”.

Sin embargo, este fenómeno no se relaciona con la algarabía ni el gozo, sino que guarda un trasfondo bastante macabro. Los esqueletos se reúnen en círculos y comienzan a bailar con pasos cortos.

El sonido de los huesos raspándose unos con otros, chirría de manera espeluznante. Por si esto fuera poco, pasados unos minutos, las osamentas emiten lamentos y sonidos muy agudos, como si estuvieran siendo asesinados.

Luego de esto, se quedan inmóviles al menos durante media hora, con la mirada fija hacia el poniente. De pronto uno de los esqueletos alza la cabeza y comienza a reír de manera descontrolada.

El ritual termina cuando todos vuelven a sus sitios de reposo. Y el panteón regresa a la calma. No obstante, lo que muy pocos saben es que exactamente después de que transcurren cuarenta y cinco días ocurre la muerte de una persona dedicada a la música.

Esta especie de maldición no afecta a algún género musical en particular, sino que depende de la persona que haya hecho contacto visual con alguno de los cadáveres que miraban hacia el poniente en el momento del ritual. Sólo sabemos que esos decesos suelen ser bastante violentos y por lo general ocurren por la madrugada.

El sujeto elegido sólo puede salvarse de la muerte si pone atención a sus sueños, ya que estos le revelarán pistas ocultas únicamente a su subconsciente.

En el cementerio

En el cementerioSe trata de una leyenda de terror de un personaje llamado Quinciano, este era un hombre bajito y robusto que cada 29 de febrero visitaba la tumba de su madre. Muchas personas creen que esta fecha en el calendario tiene connotaciones místicas, ya que justamente se trata de un periodo de tiempo que sirve para ajustar los calendarios actuales.

La noche estaba tranquila, aunque un poco fría. Los rayos que emanaban de la luna servían para iluminar las distintas tumbas que se encontraban alrededor. Quinciano oró por unos minutos para después levantarse y dirigirse hasta la salida del panteón.

A unos cuantos pasos de la puerta, divisó a un hombre alto que vestía una gabardina negra y un sombrero del mismo color. Lo que le llamó la atención fue que este individuo se dirigía a la tumba de su progenitora.

– ¿Quién será ese? Mi padre hace muchos años que se murió al igual que mis tíos. Pensó.

La curiosidad hizo que Quinciano se agazapara detrás de un árbol para observar mejor la extraña conducta de aquel individuo.

Mientras tanto, el hombre de negro parecía saber que estaba siendo observado, no obstante, siguió su camino hacia el lugar predestinado.

Quinciano no pudo soportarlo más y a la carrera interceptó al tipo de la gabardina gritándole:

– Oiga usted ¿Por qué viene aquí? Esta es la tumba de mi madre. Le estoy hablando! Váyase ahora mismo, hay algo en su presencia que me incomoda.

El hombre del sombrero negro, no replicó absolutamente nada. Solamente se descubrió la cabeza y Quinciano quedó abrumado al mirar como el rostro de aquel individuo no era más que un cráneo lleno de agujeros.

– ¡Qué malos modales tienes Quinciano!, No es manera de hablarle a una persona que acabas de conocer. Además, formulaste mal tu pregunta. El cuestionamiento que me debiste hacer era ¿por quién viene? En vez de ¿por qué viene? Dijo el ente de la gabardina.

– Po, po, ¿por quién viene?

– Por ti Quinciano, soy la muerte y ha llegado tu hora.