El secreto de Luis

El secreto de LuisDesde muy corta edad, Luis mostro una conducta extraña. En ciertas ocasiones lo encontraron encerrado en los armarios o pequeños estantes, cerrando muy fuerte sus ojos y no había forma alguna de convencerlo para que los abriera. Fue una situación con la que no pudo lidiar ni la medicina, ni la religión. Y sus padres dejaron de insistir en encontrar una solución cuando el intentó sacarse los ojos, después de que lo obligaran a tenerlos abiertos.

Al paso del tiempo, también hizo lo mismo con sus oídos, y nadie sabía cómo ayudarlo. Simplemente él no quería ver ni escuchar nada. Parecía contento viviendo así, aunque su familia no lo comprendiera, y empezaran a desesperarse. Luis no daba la menor pista de su decisión por aislarse hasta que un niño nuevo se mudó junto a él y se hicieron amigos de algún modo. Los dos chicos hablaban en secreto, demasiado tiempo, de vez en cuanto se les veía a ambos cerrando los ojos y metiendo papel en sus oídos. Así que decidieron espiarlos un poco.

Mientras estaban metidos en un armario, la madre de Luis se paró en la puerta descifrando sus susurros:

—Son de humo, y solo pueden meterse en tu cuerpo por los ojos o los odios, pero si los tapas ya no entran.

El rostro de su amiguito se puso de mil colores, y apretó con fuerza los ojos.

—¿Cómo sabes que te hacen eso?

—Se lo hicieron a tus abuelos, cuando tú aun no vivías ahí, yo los vi por la ventana y luego empezaron a entrar a casa. Cada vez vienen más seguido, por eso no quiero abrir los ojos, no quiero que me tomen por sorpresa. Pero tú que vives con ellos tendrás que cerrar los ojos para siempre.

Los dos niños hacen silencio por un rato, pensando hasta donde su mente les permite digerir todo lo dicho. Al cabo de unos minutos, escuchan vibrar las puertas del armario; como las instrucciones son precisas, se taparon ojos y oídos, y salieron tomados de la mano. Aunque Luis conoce muy bien el camino, sintió en el suelo algo impidiéndole el paso, pero él tenía la firme convicción de no abrir los ojos, así que no pudo ver como su madre se retorcía en el suelo, invadida por un humo negro que poco a poco iba dejándola seca, tal vez debió compartir su secreto con más de una persona.

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