Historia de terror el auto abandonado

Historia de terror el auto abandonadoEn la compañía en donde yo trabajo decidieron abrir una nueva sucursal, con la que muchos de los que trabajábamos en el edificio sede, fuimos enviados al nuevo edificio. En otras palabras eso se transformó en una de esas historias de terror.

Antes de que eso ocurriera, le expuse a mi jefa algunos de los motivos por los cuales yo no quería ser trasladado. Por ejemplo, le dije que la distancia a la nueva ubicación era mucho mayor y como yo no tengo automóvil, me costaría mucho llegar a tiempo. Le comuniqué que aún y cuando fuera escuchando mi audio libro de historias de terror durante el trayecto, sería un suplicio arribar a la hora estipulada.

Ella rebatió mis “pretextos” con una frase que me dejó sorprendido:

– No te preocupes Ezequiel. En cuanto te presentes mañana allá, pídele a don Pánfilo (el encargado de los carro que se les prestan a los ejecutivos) que te asigne un coche.

– ¿En serio?

– Desde luego, requiero que estés ahí para que apoyes en todo lo necesario al nuevo personal.

Exaltado por la noticia, al día siguiente me levanté más temprano que nunca y fui de los primeros en llegar. Enseguida bajé al estacionamiento y me entrevisté con don Pánfilo, quien me dijo algo que desmoronó mis expectativas:

– Ya no me quedan autos disponibles. Lo siento en el alma. El último lo asigné el martes pasado. Si no me crees, asómate a la caseta y mira como ya no quedan llaves en la pared.

– Queda una. Le dije.

– Ésa no cuenta. Es del carro abandonado que está allá a tu izquierda.

– Porque está abandonado, sí parece estar bien.

– Muchos de tus compañeros, han reportado la presencia de un espíritu dentro de ese vehículo.

– No importa, me arriesgaré, démelo por favor.

El hombre hizo caso a mi súplica y esa misma tarde me fui a mi casa en auto. No obstante, constantemente miraba el espejo retrovisor, pues parecía que alguien iba conmigo en el asiento trasero.

Fue tan insistente la presencia que percibía, que casi choco en cinco ocasiones distintas antes de llegar a mi domicilio. Soy incapaz de describir el terror que sentí, pero una cosa si les digo, no hay poder humano que me haga subirme a ese auto de nuevo.

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