Una campana de nombre Susana

Una campana de nombre Susana

Esta historia ocurrió en Cataluña, en el municipio bautizado con el nombre de Girona. Luego de férreas batallas entre los pobladores de aquella ciudad y las tropas francesas, el ejército invasor se hizo con el control de esa comunidad a principios del siglo XIX.

No obstante, la gente hacía todo lo posible por mostrar su repudio a los franceses. Como era de esperarse, esta situación desesperó a los galos, a tal punto que varios de ellos se les ocurrió un plan para someter de una vez por todas a los lugareños.

– No hay mejor forma de infundir el terror que atacar a los civiles por sorpresa. Mañana por la noche saldremos sigilosamente del cuartel e iremos a la mayor cantidad de casas posibles, a fin de asesinar al mayor número de personas posibles. Dijeron varios de ellos.

Ni bien se había ocultado el sol, los soldados montaron sus corceles y se dispusieron a llevar a cabo su misión. El pueblo entero permaneciera en toque de queda. Ni uno solo farol iluminaba aquellos desolados parajes.

En este punto es donde se gestó, una de las leyendas cortas españolas más vibrantes de toda Cataluña. Cuando se aproximaron al primer vecindario, un fuerte sonido se escuchó por todo el poblado.

De pronto, las luces de la mayoría de las habitaciones se encendieron y los habitantes se asomaron para observar qué era lo que estaba ocurriendo.

– ¡Es Susana que está tañendo sin cesar! Nos quiere advertir del peligro. Eran los alaridos que se escuchaban.

Susana se hallaba en lo más alto de la parroquia. Su sonido era tan profundo, fuerte repetitivo que el clérigo subió a ver quién era el que estaba tocando la campana. Más se quedó de una sola pieza, al notar que Susana se movía por voluntad propia.

Este relato fue conservado primeramente de boca a boca, gracias a que uno de los soldados enemigos confesó ser partícipe de los hechos sobrenaturales que ocurrieron durante aquella madrugada.

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