Viaje directo

Viaje directo

El nuevo pasa tiempo de los chicos una vez entrados en la adolescencia, era juntarse en una esquina para molestar a las mujeres que pasaban por ahí. Algunas de ellas cambiaron su ruta sin mayores complicaciones, mientras que otras, no pudieron evitar toparse con ellos a diario de camino a casa o sus actividades, ya que prácticamente los tenían casi en la puerta. Los bribones no respetaban ni a su propia abuela, y poco valían los regaños.

Un día apareció por el barrio una chica nueva, delgada, de baja estatura, piel pálida, cabello oscuro y opaco, y con la mirada perdida en la nada. Ella estuvo ignorándolos desde la primera vez que pasó frente a ellos, por lo que se convirtió en un reto, y motivo de apuestas. El primero en lograr una reacción de su parte, se llevaba todo el dinero reunido.

Como era de esperarse, todos hablaban al mismo tiempo, diciendo gran cantidad de tonterías, pero ella seguía ignorándolos. Hasta que se oyó entre los comentarios uno que decía: —¿A dónde tan solita?, ¿Te acompaño? —ella voltea con una gran sonrisa que desfigura su rostro y enciende sus ojos más que el ardiente fuego. Y con una voz capaz de retumbar en los muros cercanos y sacudirlos responde: —AL INFIERNOOOOOOOOOO— y mientras la tierra se abre bajo sus pies agrega—¡Y tu vienes conmigo!—se lanza sobre él, enroscándose en su cuerpo y cayendo juntos al abismo, donde el fuego los consume en cuestión de segundos. Uno que otro distraído también cayó en el agujero.

El resto de chicos que hasta ese momento solo observaban inmóviles presas del miedo, salieron corriendo en todas direcciones, y jamás se les vio de nuevo en esa esquina, mucho menos molestando a las chicas.

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